El poder positivo de las emociones negativas

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Las emociones y el mundo moderno
El mundo moderno se caracterizó por colocar la racionalidad por sobre la fe, como paso necesario de la edad media a la moderna, con el movimiento del renacimiento y la ilustración europea.
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Esta supremacía de la razón ha sido colocada como el gran logro de la modernidad; sin embargo, el antropólogo colombiano Orlando Fals Borda hablaba del ser humano como ser anfibio sentipensante, lo cual aprendió con los pueblos no occidentales que han resistido a su aculturación con la influencia de la cultura occidental objetivista, fría, impositiva; es decir, que el ser humano transita entre el sentir y el pensar como un anfibio que que vive entre el agua y la tierra (Video Orlando Fals Borda: la verdad sentipensante).
Para el biólogo chileno Humberto Maturana, una de las grandes trampas de la modernidad, reflejada en disciplinas como la educación, es la de considerar al ser humano como fundamentalmente racional. Por el contrario, desde un punto de vista de la neurobiología, el sistema nervioso humano opera primordialmente en el mundo de las emociones, para luego llegar a las razones (Ver video: "Todo sistema racional se funda en la emoción"). Por lo tanto, coincide con el antropólogo colombiano, que hablaba de lo sentipensante, pero ahora desde las ciencias duras, en este caso la biología.

El místico Gurdjieff hablaba a principios del siglo XX del ser humano como tricerebrado, es decir, poseedor de tres cerebros: el corporal, el emocional y el racional.
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Paul Mcclean desde las neurociencias estudió los tres cerebros del humano a mitad del siglo XX y le llamó el cerebro triuno, distinguiéndolo en cerebro reptiliano, mameleano  y la neocorteza. El reptiliano son los impulsos compartido con los reptiles; el mameliano los afectos compartido con los mamíferos; y la neocorteza las razones, propio del humano.

El psiquiátra, científico y místico Claudio Naranjo utiliza otros símbolos: 
1.-el cerebro reptiliano es el niño, libre, instintivo, de impulsos, es la naturaleza animal; 
2.-el cerebro mameliano es la madre, amorosa, unificadora, es la naturaleza de los afectos propios de los mamíferos (que dan de mamar); y
3.-el cerebro racional es el padre, autoritario, moralista.

Las consecuencias de la represión de la emoción
La cultura occidental, viene de una tradición racionalista que reprime el mundo emocional. El psicoanalista Sigmund Freud ya hablaba de la neurosis, aunque enfocado en la represión de la energía sexual. Para Claudio Naranjo, es el padre o cuerpo racional, desde su postura moralista, la que genera una tremenda represión que va moldeando al ser humano en un sistema cultural autoritario desde que nace. Es lo que Freud llamó "el malestar de la cultura". Para Naranjo, el problema es el patriarcado como sistema dominador. Para otro importante psicoanalista, Wilhem Reich, estas represiones se evidencian en el cuerpo, por lo que construyó un sistema de diagnóstico y tratamiento basado en soltar la represión desde lo corpóreo (corazas).

En general, se reconoce que la represión de las emociones genera enfermedades psicológicas y corporales. Los médicos y docentes universitarios de la Universidad de Los Andes Heriberto González-Méndez y Tivizay Molina explican muy bien cómo el mundo emocional afecta al corporal en su libro de corte académico Medicina Holística (2008).

Hoy en día se hace innegable la estrecha relación de tres dimensiones: la corporal, la emocional y la racional; por lo que debemos aprender a manejar estas tres áreas para lograr el bienestar, el vivir bien. Seguir negando las emociones, genera la reproducción de una cultura represiva, que enferma y no permite que el ser desarrolle todas sus potencialidades, generando frustración y una vida infeliz y enferma.


Entender el mundo emocional
Existen muchas formas de clasificar el mundo emocional. Nosotros podemos clasificarlas en emociones negativas y positivas. Dentro de las emociones negativas encontramos la tristeza, la ira, el miedo y el asco. Por otro lado, tenemos las emociones positivas: la alegría, la tranquilidad, el ánimo y el goce. 

En la actualidad podemos ver dos grandes tendencias extremas relacionados al mundo emocional:
1.-Engancharse en la cultura del miedo y la queja, que coloca al individuo y las colectividades en estados permanente de emociones negativas. Sin embargo, este enganche se justifica con razones de todo tipo. Las personas inmersas en esta cultura, no se percatan que no se tratan de razones sino de un pésimo manejo emocional que se ha aprendido como herencia cultural de la colonialidad.
2.-La cultura de la falsa positividad, la moda del "pensamiento positivo" que mantiene al individuo en estado permanente de búsqueda del placer; es la otra cara de la moneda de la cultural de la colonialidad. Esta moda, mantiene al individuo en una constante lucha, en la que se reprimen las emociones negativas, tratando de engancharse en la positivas. Pero esta tendencia es tan irreal y poco saludable que la anterior, ya que mantienen en estado permanente de estrés a la persona (propiamente  de distrés, que es el estado patológico); de hecho, generalmente, cuando la persona no logra mantener estados de positividad y cae en algún momento en emociones negativas, puede generar mucha frustración y culpa.

Las emociones biológicas-corporales o las emociones crónicas mentales
Las emociones negativas tienen un papel importantísimo. Están diseñadas para la supervivencia. En la selva, un individuo siente miedo cuando sorpresivamente aparece una fiera que pone en riesgo su vida. Así, el cuerpo libera adrenalina, noradrenalina y cortizol, entre otras sustancias, que coloca al individuo en estado de lucha, de actividad, dando fuerza extraordinaria al individuo, con el fin de que se active y corra, luche, golpee o realice cualquier acción que permita su supervivencia. La sangre del cuerpo va a las extremidades, los efínteres se cierran, la digestión se lentece. Todo el organismos debe utilizar su energía para sobrevivir.
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Esta situación antes descrita es lo que podemos llamar las emociones negativas del cuerpo físico, coporales. He ahí el poder positivo de las emociones negativas: la supervivencia.

Sin embargo, en el mundo moderno, en el que el ser humano está inmerso en un mundo simbólico y mental, lo que era un miedo o una emoción negativa corporal, se vuelve mental; y en una cultura del miedo, la represión, estamos programados para utilizarlas constantemente para enseñar, convencer, luchar.

Ante el rechazo del cuerpo por parte de la cultura dominante, y la desconexión del mundo de lo natural, las emociones negativas corporales y naturales se vuelven crónicas y mentales. 
El problema de lo que llamamos las emociones mentales es que al permanecer en estado crónico, las sustancias liberadas no se drenan con la actividad física, sino que, por el contrario, permanecen en el organismos volviéndose altamente tóxicas, deteriorando órganos, sistemas y procesos, generando adicciones como las drogas.

Por otra parte, el tratar de estar en estado "positivo" constantemente, genera una química corporal exagerada, lo que también genera deterioro, y mantiene al individuo en un estado alejado de la realidad y de no aceptación de los elementos del displacer, que son inevitables y necesarios en la vida y el crecimiento de todo ser vivo.

El manejo de las emociones negativas: superar la culpa como programación de autoflagelación
Manejar positivamente las emociones negativas es relativamente sencillo, pero es progresivo. Los avances son sinuosos, suben, bajan, hay recaídas. No importan las recaídas si se genera un espíritu resilente, para lo cual hay que observar los errores y aprender de ellos.

El problema es que en la cultura del miedo, de las culpas, los pecados, la colonialidad, estamos programados para autoflagelarnos desde la culpa. La culpa es producida por el cerebro racional, desde el moralismo, como parte de la cultura patriarcal; es el símbolo del padre autoritario según Claudio Naranjo. En ese sentido, de lo que se trata es de soltar, no engancharse con sus reclamos. Evitar la culpa nos permite aprender; engancharnos en la culpa nos victimiza y nos quita poder.

Todo lo que pasa, tiene que pasar
En ese sentido, para superar la culpa, hay que entender que todo lo que pasa, tiene que pasar; en el sentido de:
-No podemos regresar en el tiempo, por lo que de lo que se trata es de aceptar lo ocurrido para aprender, no para sentir culpa.
-La decisión tomada siempre es la más adecuada, aunque haya desencadenado situaciones negativas. Siempre es la decisión más adecuada si se aprende de los errores. Necesitabas pasar por esa situación para aprender.

Evitar perder energía
La culpa y el reproche nos hace perder energía. Se utiliza mucha energía en fantasear, en pensar cosas como: ¿qué hubiese pasado si no lo hubiese hecho? Se pierde energía en: ¡Ojalá no lo hubiese hecho! ¡Ojalá tuviera otra familia! ¡Ojalá hubiese nacido en otro país! Es decir, que la culpa, el reproche y la victimización nos llevan a perder energía en fantasías poco realistas que no permiten que transformemos las realidades que no queremos. Por otra parte, la ideología de la falsa positividad, nos lleva también a fantasear y a no ver ni observarnos, ni aprender, ya que nos lleva a rechazar, evitar y huir de las realidades que no nos gustan.

El poder positivo de las emociones negativas 
Para poder aprovechar el poder positivo de las emociones negativas, nos toca:
1.-Observarlas sin culpa, ni victimización, ni desespero
2.-Preguntarles a las emociones corporales qué nos quiere decir, para que no se vuelvan emociones crónicas mentales, evitando el bloqueo y la paralización del cuerpo, o por el contrario, la hiperquinesis
3.-Comprender que las emociones negativas (o positivas) no son permanentes, que se tratan de emociones efímeras que cambian, así como las situaciones que las generan
4.-Al lograr ver con más claridad qué nos dicen las emociones negativas, actuamos inteligentemente, para cambiar aquellas situaciones que nos desagradan, que nos oprimen

Así, por ejemplo, mucha gente al sentirse muy mal en un ambiente laboral, toma fuerza con las emociones negativas para cambiar de trabajo, o cambiar una relación dañina, o transformar una situación social injusta. Pero para logar aprovechar el poder positivo de las emociones negativas, hay que transmutarlas en energías creadoras y no destructoras, cambiando primeramente en uno mismo lo que hay que cambiar para transmutar y ver resultados diferentes, y hacerlo con los otros-otras, con esperanza, con buena voluntad y amor.

Son los momentos más difíciles que necesitan estos sencillos pasos.

Recuerda que todo es mente

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